¿Sabías que tenemos un segundo cerebro en nuestro sistema digestivo?

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Tu sistema digestivo tiene muchas más funciones de las que puedes imaginar. Tiene que asegurarse de que tu cuerpo siempre esté nutrido, lo cual es una tarea muy compleja: Tu estómago desintegra la comida, tu intestino delgado separa la mezcla resultante (llamada “quimo”) en moléculas más pequeñas para que tu cuerpo pueda absorber los nutrientes, mientras que el intestino grueso convierte lo que ya no se necesita en— bueno, tú ya sabes. Cuando este proceso funciona correctamente tú no te enteras y vives felizmente, pero cuando algo sale mal, tu bienestar se ve afectado inmediatamente. Por el bien de tu intestino, aquí te presentamos una guía completa de lo que es normal que suceda y lo que no lo es.

La psicología de tu estómago

¿Por qué tenemos tan poco control sobre lo que sucede en el tracto intestinal? Porque tu sistema digestivo tiene una “mente” independiente, por decirlo de alguna manera.

Tu otro cerebro

El sistema nervioso de tu sistema digestivo, algunas veces llamado “El Segundo cerebro,” es una red de más de cien millones de neuronas (células que transmiten información a través de conexiones químicas y eléctricas) que corren a lo largo del tracto intestinal. Obviamente este “cerebro” no es generador de emociones o es capaz de guardar memorias, pero es capaz de operar el sistema digestivo de manera independiente del cerebro en tu cabeza, decidiendo cuando movilizar comida desde el estómago al intestino delgado, cuando liberar hormonas, cuando liberar desechos e incluso cuando regresar la comida cuando siente que te va a afectar negativamente. (Esa es la razón por la que es casi imposible impedir el vómito cuando te enfermas.) “Al cerebro no le gusta entrometerse,” comenta el doctor Michael D. Gerson, profesor de patología y biología celular en la Universidad de Columbia y autor del Libro El Segundo Cerebro. Le brinda total autonomía al sistema digestivo.

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Para poder tomar estas decisiones, el segundo cerebro usa muchas de las mismas herramientas que el cerebro regular utiliza—una de las principales es el neurotransmisor serotonina. De hecho, el 95% de las reservas de serotonina del cuerpo se encuentra en el sistema digestivo. Mientras que la serotonina del cerebro ayuda en la creación se sensaciones de bienestar, la serotonina en el tracto gastrointestinal actúa como “espada y escudo” contra agentes hostiles, como las malas bacterias. “La serotonina en el sistema digestivo puede movilizar la inflamación, detectar invasores potenciales y, esencialmente, montar toda una estrategia defensiva” menciona el doctor Gershon.

La conexión Cuerpo-Mente

“Si tu estómago se encuentra enojado, recuéstate y tranquilízalo con pensamientos positivos,” dijo alguna vez el legendario jugador de baseball Satchel Paige en 1953. Al parecer no estaba equivocado. Tu sistema digestivo está íntimamente enlazado a tu estado mental. Tal como ya lo has experimentado si algún vez has sentido mariposas antes de una cita romántica o incluso nàuseas antes de presentar un examen. El principal conector es el nervio vago, el cual comienza en la base del cerebro, viaja por el cuello y el pecho y después se extiende a lo largo del sistema digestivo. La mayoría de los mensajes que viajan por este nervio van desde el estómago hasta el cerebro, no al revés. En una persona sana, estos mensajes se transmiten de forma inconsciente: mensajes de rutina en relación a la actividad digestiva para que el cerebro pueda mantener un equilibrio en el cuerpo. Pero en personas con problemas digestivos los mensajes no son del todo agradables.

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Imagina que tu sistema digestivo se encuentra bajo estrés—quizás estás sufriendo de inflamación que se está tornando dolorosa. “Ahora en lugar de enviar mensajes de que todo está bien, tu estómago comenzará a enviar señales de ayuda,” dice Gershon. “Es posible que estos mensajes inconscientes de advertencia se vuelvan tan abrumadores que se comiencen a materializar en ansiedad y depresión.” Ya conoces la expresión “¿Cuál vino primero, el huevo o la gallina?” Es lo miso con los problemas digestivos y la ansiedad. “No sabemos si el estrés está causando problemas en nuestra digestión o si nuestra digestión está generándonos estrés mental,” comenta Gershon. Habiendo dicho esto, no hay duda de que “Tan sólo agregar un evento estresante sobre una condición de estrés crónico hace que los problemas digestivos se agraven,” dice el doctor Yuri Saito, gastroenterólogo en la Clínica Mayo en Rochester Minessota.

El efecto mariposa

Esta perpetua condición de estrés es diferente a un clásico caso de nerviosismo. Cuando tienes un repentino ataque de diarrea antes de una entrevista laboral o presentación, tu cuerpo probablemente se encuentre en un estado de alerta máxima. Al tu cerebro liberar una gran oleada de hormonas de estrés, esto señala a tu cuerpo que debe de poner toda su atención en el problema actual, pasando así el proceso digestivo a segundo plano. En respuesta a esto tu estómago puede activar alerta máxima (también conocida como diarrea o vómito). La sensación de mariposas en el estómago es tan sólo una versión más pequeña de la misma reacción.

En la segunda parte de este artículo te compartiremos una pequeña lista de recomendaciones para mantener tu salud digestiva al máximo. Espéralo pronto.

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